
María no come
El inicio del análisis de María fue precedido por la llamada al consultorio de su hermana Paula, quien dice estar angustiada porque María continúa sin comer a pesar de concurrir a un Centro de Trastornos Alimentarios hace seis meses. En consecuencia, decide buscar por su cuenta otra opción. En el Centro antes mencionado, el psicoterapeuta ofrece a María libros sobre la anorexia, esperando que “lea, entienda y pida ayuda”. Mientras tanto la frecuencia de las sesiones es de una vez al mes. Igualmente Paula justifica en parte este proceder debido al trabajo de María, que la obliga a viajar.
Prescindir de la imposibilidad
María es responsable de la formación de la red comercial en una multinacional de cosméticos. La filosofía de la empresa a la que adhiere enteramente es “ganar más, trabajando más”. Explica que su ser se construyó alrededor del trabajo: “Mi identidad viene de allí». De hecho recibe continuos reconocimientos por sus excelentes resultados, aunque continuamente es invadida por el temor a desconcentrarse en sus labores debido a un posible aumento de peso. Por ello, la delgadez se convirtió en sinónimo de eficiencia y nunca era lo suficientemente eficiente. Se define a sí misma como una «pospone placeres». Explica que intenta construir para disfrutar más tarde y hace las cosas «cueste lo que cueste!». El empeño de María fue recompensado hace ocho años con una promoción por la cual debió mudarse a la ciudad de C., faltando pocos días para su matrimonio. Transcurrido ese primer año, igualmente pasaba la mayor parte del tiempo fuera de su casa y lejos de su marido.
El síntoma a medida
Una atmósfera “pesada” acompañó la infancia y adolescencia de María. Entre otras cosas, la madre consideraba que las actividades extra curriculares la cansasen y los amigos la distrajesen de las tareas escolares, motivo por el cual fueron cancelados. Cada vez más sola, lloraba siempre. Por otra parte la situación en la escuela le generaba una profunda desazón. A los trece años se sintió abrumada por el llamado de atención de la maestra cuando dijo a ella y a la amiga: “ya no son pequeñas!” frente al intento fallido por sentarse en el mismo banco. La frase es percibida como una sentencia y provocó un llanto desconsolado. A partir de ese momento no comió. Se recuperó poco después con la vigilancia de los padres. De adolescente finalmente vive lo que identifica como un momento feliz: “Me sentí ligera”. Todos la veían hermosa; conoce a su primer novio: «Tal vez quise hacer de ese momento algo aún mejor, detener el tiempo y comencé a no comer. No es cuidarse estéticamente sino alcanzar la perfección». Concuerdo diciendo que, efectivamente, son cuestiones muy diferentes. Se abre un segundo tiempo en la cura.Un saber sobre el goce y la imagen femenina
Un recuerdo infantil sobre el cuerpo femenino y un saber en relación a éste lo coloca al centro de la escena, abriendo a nuevas significaciones. A los seis años María padecía dolores de cabeza constantes y vomitaba con frecuencia. Sitúa el comienzo de su malestar cuando la compañera de banco, D., le ofrece un helado: “Ella sabía cosas que yo no sabía”. De hecho, D. se masturbaba en clase. A todo esto la maestra no tomaba medidas serias para poner fin a dicho comportamiento. María comenzó a imitarla y continuó, era su pequeño mito. En su casa jugaba con la hermana a “llamarse D.” Cree haya sido la razón por la cual tuvo relaciones sexuales tardíamente: “Era como si me bastase”. Asimismo dice observar mucho a las mujeres, aunque cree no tener la tendencia. “Son modelos”. Estos
Otra medida
María, rigurosa observadora de la medida y el equilibrio, se molesta porque las respuestas de los demás nunca son lo que ella espera. No obtiene el reconocimiento que cree merecer por sus esfuerzos para comer y seguir hábitos más saludables, aunque tampoco comprende por qué su marido la ame, si tantas veces no hace lo suficiente. Intervengo: «No existe una justa medida» e interrumpo la sesión. Ulteriormente dice haberse sorprendido por la observación y pide aumentar la frecuencia de las sesiones a dos veces por la semana. Solicita orientar el análisis hacia sus dificultades en las relaciones sociales: «No sé si decir que mi problema es la anorexia o el resto del mundo. Aparentemente hago lo que otros quieren asegurándome ser amada cueste lo que cueste. Ahora es como si me hubieran autorizado a detenerme”.Dos relatos
La ausencia momentánea del marido la lleva a pensar que es alguien en quien confía, aunque “antes no lo veía”. María reconoce detrás de sus objetivos comerciales el deseo de hacer algo importante a ojos de los otros, pero nunca quedaba satisfecha: “corría detrás de modelos de mujeres realizadas”. A continuación, el tema de la confianza en el otro se revela central y recuerda dos relatos que le contaba su madre antes de dormir o cuando no comía: la
La política del síntoma. Entre goce y mensaje
La estrategia de Freud fue servirse del síntoma para saber acerca de la verdad. En épocas victorianas, la neurosis fue una respuesta a la represión vivida por la sociedad, pero articulada al deseo de saber. Actualmente no todos los sujetos que piden un alivio a su malestar son tomados por la pregunta sobre el significado de su propio sufrimiento, es decir, de la política allí implicada. Por ello la práctica del psicoanálisis debe ser repensada. La mirada lacaniana del síntoma reúne goce y mensaje, aquello que del Otro se estructura como verdad y lo que se escapa. Estar del lado del inconsciente es aceptar lo que del síntoma permanece por fuera pero bajo transferencia, restableciendo y alojando la subjetividad del paciente. El caso expuesto propone repensar el problema de las psicoterapias que ofrecen a los pacientes una transferencia sin inconsciente y un saber diferente del analítico, dejando de lado goce y responsabilidad subjetiva. Por otra parte, en los síntomas actuales, no es suficiente definir la posición del analista desde el semblante de objeto a, permaneciendo en silencio frente a las preguntas del paciente. No se trata tampoco de mostrarse dividido y sin recursos frente a posibles interrogantes. La ética del analista se relaciona con un decir que inquieta, incomoda o sorprende, lo justo y necesario para evitar el rechazo o la indiferencia. A la hora de abordar la clínica de la femineidad resultó útil para el caso volver a examinar la pregunta desde un rasgo que define nuestra era: la sustitución del Discurso del Amo por el falso Discurso capitalista, lo que implica el rechazo de la castración. De hecho María parecía incapaz de utilizar el síntoma histérico para estructurar su posición debido a la caída del Nombre del Padre. Por otro lado la necesaria falicización del cuerpo en el campo de la sexualidad femenina, en su caso, se vio degradada a los recursos de la identificación imaginaria o a la imagen pura, en un impasse del registro simbólico. El trabajo analítico permitió a la analizante tomar distancia de un decir mortífero y dar cuenta de la propia subjetividad a partir de la diferencia.- Autor: Lic. Rosana Alvarez Mullner
- AAVV. (2003), Anorexia y bulimia; Síntomas actuales de lo femenino, Buenos Aires, Argentina, Serie del Bucle.
- Cosenza, D. (2008), Il muro dell’anoressia, Roma, Italia, Astrolabio.
- Le Clerc, F; Recalcati, M. (2007), I casi gravi, clinica dell’anoressia – bulimia, Milàn, Italia, FrancoAngeli.
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