
Cuando el pánico irrumpe. Un recorte clínico
Los síntomas mayormente conocidos ligados al ataque de pánico se relacionan al temor y a la ansiedad intensa, sobrevenidos repentinamente y en un breve período de tiempo. El recorte clínico a continuación nos introduce a la comprensión del problema. Sara acude al consultorio acompañada por su padre. Sufre hace cinco años de bulimia pero en esta ocasión decide pedir ayuda porque también se han presentado hace dos semanas, “ataques de pánico”. La primera crisis sobreviene en un concierto luego de permanecer al sol durante horas, adjudicando a este momento la causa del ataque. Dice haber padecido falta de aire, temblores, hormigueos en los brazos, palpitaciones, nudo en la garganta, sudoración y agitación, por lo que es llevada a enfermería. Desde el punto de vista subjetivo, se siente perdida y aterrorizada, con una sensación de vacío que no sabe explicar. En los días sucesivos evita salir de su casa por temor a un peligro inminente no identificado que asocia a la muerte. A causa de ello reduce drásticamente las reuniones con amigos, los encuentros con su novio, no concurre al trabajo y ya no usa el auto. Explica: “Tengo miedo de tener miedo, miedo a estar enferma y de no poder controlar el estar enferma. Es como si no confiara en mí. Necesito que alguien esté allí… mi mamá”.Pánico del pánico. El dios Pan
Las personas que sufren ataques de pánico vivencian un miedo extremadamente intenso que aparece de forma intempestiva, por lo general en situaciones aparentemente inofensivas. La primera vez marca al sujeto, quien intenta poner en práctica una serie de mecanismos para evitar aquello que identifica sin bases ni fundamentos, como la causa del pánico. Los espacios abiertos y las situaciones inciertas suelen transformarse en algo hostil, como también el encontrarse solo o con gente desconocida. La evasión del posible ataque de pánico se convierte en un objetivo fundamental.
Perder la cabeza
Freud trató el fenómeno del pánico solo dos veces a lo largo de toda su obra. Una de ellas fue en su artículo Psicología de las masas (1993), en particular, respecto a las consecuencias de la pérdida del conductor. El desencadenamiento del pánico observado en las tropas militares se
El desborde en el cuerpo
En el “todo cuerpo” de la crisis de pánico, la persona pierde los lazos con un mundo simbólico que la ratifica como sujeto. Para Lacan “la ansiedad tal y como nosotros la conocemos tiene siempre conexión con una pérdida”. En la experiencia del pánico la alteridad es cancelada. El sujeto coincide consigo mismo en una especie de autorreferencia absoluta en la que es
El eje de la angustia y el temor a la muerte
La angustia parece ceñirse a una especie de eje central en el que convergen las manifestaciones sintomáticas más relevantes, en una suerte de sucesión que suele ir desde la parte superior del cuerpo e incluir, la mayoría de las veces, hasta los pies. Entre los diferentes síntomas se registran mareos, sensación de extrañamiento, vista nublada, dificultades para respirar, sequedad en la boca, nudo en la garganta, palpitaciones, esófago contraído, dolores estomacales, problemas intestinales, además de la sensación de inmovilidad, de sentirse atornillado al suelo. La crisis de angustia se diferencia del fenómeno del pánico porque en este último se añade además, el temor a la muerte. Cuando se habla de pulsión de muerte en términos psicoanalíticos, se la considera perteneciente al registro de lo Real, por consiguiente ésta puede ser pensada solo en relación al soporte somático, es decir, al cuerpo. (Lacan, 2006). Las pulsiones “son” en relación a un cuerpo y esto no es simple en ningún ser humano. En general se ignoran gran cantidad de cuestiones al respecto, de ahí que la indeterminación de la propia imagen no deje de suscitar afectos. En consecuencia, lo psíquico se manifiesta y el psicoanálisis logra implementar su práctica.El contrataque significante
El ser humano nos sitúa en un campo disímil al de las ciencias naturales, es decir, no se trata únicamente del cuerpo en su inmanencia, aquello que entendemos en medicina como materia viviente. Cada síntoma referido por la persona está en relación a un cuerpo atravesado por el lenguaje. El sujeto se vale de él para relatar el sin sentido de su malestar. De esta manera la persona que sufre utiliza la palabra y el juego significante que ella alberga. El discurso del sujeto es alojado por el psicoanalista, no para rotular o describir un padecer e informar al paciente “de qué se trata”, sino para instalar un vacío operativo que permita un trabajo analítico, o sea, un decir inédito que consienta al sujeto salir de la urgencia de la angustia y sostenerse de otra manera en su vida.- Autor: Lic. Rosana Alvarez Mullner
- Freud, S. (1993), Más allá del principio del placer, Psicología de las masas, análisis del yo y otras obras, vol. XVIII (1920-22), Argentina, ed. Amorrortu.
- Lacan, J. (1995), Las psicosis, Seminario III (1955-56), Argentina, ed. Paidós.
- Lacan, J. (2006), El sinthome, Seminario XXIII (1975-76) Argentina, ed. Paidós.
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